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Lunes, 26 de octubre de 2020

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Publicado en GESTORES Jueves, 20 de agosto de 2020 00:00

¿Cómo invertir tras el sueño de una noche de verano?

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Tras despertar del breve sueño de esta extraña noche de verano, descubrimos lo que nos temíamos: que el dinosaurio del virus sigue ahí. Y que no se alejará hasta que lleguen las vacunas fiables, el año próximo si hay suerte.

 

¿Qué hacer, mientras tanto, con las carteras de fondos? Como norma general, mantener la misma actitud recomendada desde que la pandemia arrasó los mercados: no perder la calma, persistir en la estrategia a medio y largo plazo y, si acaso, aprovechar nuevos sustos –que los habrá– para incrementar moderadamente posiciones en renta variable internacional.

 

Todo ello en la esperanza de que las fuertes caídas de PIB durante la primera mitad del año se moderen en la segunda, se conviertan en subidas el año próximo y permitan que en 2022 volvamos a niveles previos al Covid-19.

 

Sea cual sea el escenario, los expertos siempre recomiendan que la inversión en fondos, y también en planes de pensiones, no se realice con movimientos bruscos, con la colocación de grandes cantidades en una sola operación, sino todo lo contrario: quien tenga la suerte de disponer de cierta capacidad de ahorro, lo mejor que puede hacer es ir tomando posiciones poco a poco, mes a mes. Esta regularidad en las aportaciones le permitirá ir ajustando su cartera a las circunstancias y, además, evitará que una decisión poco meditada se convierta en pérdidas si hemos movido demasiado dinero en la dirección equivocada.

 

De ahí que si aún dispone de dinero para invertir, o si está pensando en mover algunas sumas de las que ya tiene en cartera, mantenga esa misma actitud reposada en esta era DC (después del coronavirus) que ahora comienza… sobre todo a la vista de que debemos poner entre paréntesis ese “después”, ya que el coronavirus aún tardará en apaciguarse y, sin duda, dejará secuela duraderas en la economía y los mercados de todo el orbe.

 

Los fondos de inversión, que también han sufrido lo suyo, seguirán padeciendo recortes puntuales. Hasta el mayor fondo soberano del mundo, el fondo de pensiones noruego –un monstruo que a finales del año pasado movía un billón de euros, cantidad próxima al PIB español– ha registrado pérdidas: durante el primer semestre perdió 17.870 millones de euros, lo que supone un retroceso del 3,4 por ciento en su patrimonio. Las posiciones en renta variable, con una caída del 6,8 por ciento, y las apuestas inmobiliarias, que se depreciaron un 1,6 por ciento, fueron las principales culpables. Pero entre la renta variable, las acciones tecnológicas ayudaron a salvar los muebles, con una rentabilidad del 14,2 por ciento en el mismo periodo. También la sólida cartera de renta fija aportó un rendimiento superior al 5 por ciento.

 

Esto nos da pistas de qué cartera de fondos inversión es adecuada de cara al nuevo curso, una distribución de activos que además nos sirva durante mucho más tiempo pase lo que pase en los mercados: la cartera del mayor fondo soberano del planeta tiene el 69,6 por ciento de su dinero invertido en acciones, el 27,6% en renta fija y sólo el 2,8 en el sector inmobiliario. Una prueba más de que, por sólido que parezca, el ladrillo nunca debería ser la base de una cartera inversora a medio y largo plazo (que se lo digan a los fondos que compraron edificios enteros en Madrid o Barcelona para convertirlos en bloques de pisos turísticos y ahora se ven obligados a bajar los alquileres para intentar atraer inquilinos convencionales).

 

Como no dejo de repetir, la renta variable internacional sigue siendo el sector con más futuro, pese a las últimas crisis y a las que vendrán. Porque hay mucho donde elegir. Ya hemos visto con qué facilidad el S&P 500 ha escalado desde sus mínimos de marzo hasta nuevos máximos históricos los últimos días. El Nasdaq de valores tecnológicos también toca el cielo y hace pocas sesiones Apple sobrepasó los dos billones de dólares de valor bursátil, una cifra sólo superada por el gigante petrolero saudí Aramco. Y frente a tecno-calentones –que también hay muchos– como el de Tesla, surgen nuevos jugadores incluso en su mismo terreno, como el fabricante de camiones eléctricos Nikola (un nuevo homenaje al inventor Nikola Tesla), que ya está poniendo las bases para convertirse en otra potencial estrella bursátil.

 

No sorprende que la tecnología haya sostenido los resultados del fondo noruego. Porque perder sólo un 3,4 por ciento en el primer semestre de este maldito 2020 no está nada mal. Den un vistazo a las pésimas prestaciones de muchos fondos españoles durante el mismo periodo. Pero también encontrarán algunos, la verdad que muy pocos, que han logrado perder incluso menos que este monstruo nórdico que mueve un billón de euros en inversiones. Y eso indica que estos fondos capaces de batirse con éxito contra el virus están en manos de gestores que se ganan de sobra cada euro que cobran en comisiones, pero que tampoco se arriesgan a apostarlo todo a sectores calientes como el tecnológico.

 

En esta apuesta ganadora por la renta variable internacional, no pierdan de vista no sólo la tecnología (que sufrirá recortes aprovechables para nuevas posiciones con vistas de medio y largo plazo), sino también todo lo relacionado con la sostenibilidad y el medio ambiente. Como acaba de decir el mago Mario Draghi, en una de sus muy escasas apariciones públicas desde hace tres meses, el acertado esfuerzo europeo de inundar el mercado de deuda pública será sostenible “sólo si se dedica a fines productivos”. Y esos fines, como la propia iniciativa comunitaria ha dejado claro, deben ser una economía más productiva, más digital y más comprometida con el medio ambiente.

 

Y, por supuesto, mucha atención en el nuevo curso a lo que ocurra en Estados Unidos: la más que probable victoria electoral del equipo Joe Biden/Kamala Harris será una buena noticia para los mercados, por más que, antes o después, tienda a subir impuestos para acabar con la nociva relajación fiscal promovida por Trump. Pero, a cambio, sentará las bases de unas nuevas relaciones económicas y comerciales internacionales, lo que añadirá potencial de crecimiento al escenario global.  

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