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Publicado en GESTORES Viernes, 31 de julio de 2020 08:00

Quien tiene fondos líquidos tiene un tesoro

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Cuando en marzo nos encontramos súbitamente atrapados por la pandemia, lo primero que me recomendó el analista de una gestora fue: “Asegúrate de tener liquidez, por si acaso hay algún bloqueo en los fondos”. Por suerte, no se dio el caso de que resultara imposible reembolsar dinero de los productos de inversión colectiva, salvo en los inmobiliarios británicos ya comentados aquí. Sin embargo, como el virus aún convivirá mucho tiempo con nosotros y los sobresaltos se repetirán en los mercados, conviene recordar que precisamente la liquidez es una de las características más apreciadas ahora por el inversor. Y hay pocos activos más líquidos que un fondo de inversión.

Ya hemos comentado varias veces –la última, la pasada semanalo complicado que es extraer liquidez de algo tan sólido como el ladrillo, sobre todo cuando los precios caen y todo el mundo quiere deshacerse de sus activos inmobiliarios. Ciertamente el oro ha sido, como en todas las crisis, una inversión estrella durante los últimos tiempos y marca las cotizaciones más altas de su historia, pero siempre será más líquido optar por fondos que invierten en oro que acudir a comprar oro físico, otro activo sólido y, por tanto, más difícil de liquidar (por no hablar de los inconvenientes fiscales y del coste de guardar lingotes con cierta seguridad y no debajo del colchón).

 

Sobre la liquidez de los fondos de inversión, las mayores inquietudes afectan a los que invierten en activos de renta fija emitidos por compañías no muy solventes, es decir, los famosos bonos “high yield”: si ofrecen esos “altos rendimientos”, muy superiores a los prometidos por el Tesoro público o por las grandes compañías más sólidas, es precisamente porque el riesgo de impago es mayor. Por eso mismo, cuando las cosas se tuercen y todo el mundo quiere liquidez, es mucho más difícil vender un bono “high yield” que un Bono del Tesoro o de una gran empresa del S&P 500.

 

El pasado 19 de marzo, en lo más duro de la pandemia, el mercado mundial de renta fija se bloqueó. No había modo de vender nada, lo que provocó una caída radical en los valores liquidativos de los fondos mixtos y de renta fija. Por fortuna, tanto el Banco Central Europeo como la Reserva Federal americana reaccionaron rápidamente e inundaron de liquidez el mercado, lo que frenó la sangría en los precios de los bonos.

 

Pero los de alto rendimiento siguen teniendo un riesgo más elevado que el ya inherente a estos productos. Un análisis de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) acaba de advertir de que, en caso de nuevos escenarios adversos del mercado, sólo entrarían en situaciones de estrés, con dificultades para dar liquidez a sus partícipes, los fondos de renta fija especializados en bonos “high yield”. Pero la propia CNMV recuerda que estos productos representan menos del tres por ciento de los fondos. Lo cual es una buena noticia. En cualquier caso, el regulador recomienda a las entidades que hagan sus propias pruebas de estrés para tener claros los posibles riesgos ante nuevos escenarios críticos, esos en los que, como ya hemos visto, lo más difícil de vender es un bono “high yield” (o, en la categoría de renta variable, los valores de pequeña capitalización y, por tanto, también alto riesgo). Estas pruebas de estrés permitirían a las gestoras analizar si tienen algún punto vulnerable que les dificulte dar liquidez inmediata a los inversores.

 

En su último informe sobre estabilidad financiera (el de primavera de 2020), también el Banco de España subrayó que la crisis del coronavirus seguiría amenazando a todas las categorías de fondos, sobre todo a aquellos cuyas carteras estén sobrecargadas de deuda emitida por empresas que también tengan más riesgo. El riesgo de estos fondos “podría verse agravado por reembolsos significativos de sus partícipes”, señaló la institución.

 

En cualquier caso, las gestoras cuentan con herramientas para evitar que órdenes masivas de venta comprometan la liquidez de los fondos: el preaviso que debe realizar el partícipe que quiere realizar grandes reembolsos (impulsado por un Real Decreto en vigor desde el 2 de abril), o el mecanismo –ya comentado en esta columna– del llamado “swing pricing”, un liquidativo más bajo del esperado que se aplica al inversor con muchas prisas por reembolsar mucho dinero de su fondo mixto o de renta fija. Es una salvaguarda (adoptada ya por gestoras como Bestinver, Liberbank o March AM) que permite a las entidades evitar que una masiva salida de dinero de sus fondos de renta fija o mixtos afecte negativamente a los partícipes que se quedan en los productos.

 

Por tanto, calma. Salvo que su cartera de fondos esté sobrecargada de productos repletos de bonos “high yield” o de acciones de pequeñas empresas con solvencia aún por demostrar, es poco probable que tenga dificultades para conseguir reembolsar el dinero invertido en fondos. Otra cosa es que, si los mercados vuelven a sufrir, se encuentre usted con pérdidas. Pero ese es un riesgo que afecta a todos los activos, incluso a los que, al contrario que los fondos, tienen el riesgo adicional de que es difícil convertirlos en dinero contante y sonante. Además, si usted materializa minusvalías procedentes de sus fondos, dispone de cuatro ejercicios fiscales para compensarlas con posibles plusvalías futuras. Porque la fiscalidad de los fondos es, como su liquidez, otra ventaja muy apreciable en momentos críticos.