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Martes, 25 de febrero de 2020

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Publicado en GESTORES Lunes, 17 de febrero de 2020 00:00

Los inversores no solo prevén unos buenos beneficios (8,3% este año), sino que además no contemplan la necesidad de protegerse

Greg Meier (Allianz GI) | Los indicios de estabilización económica han respaldado un avance de los activos de riesgo este año. La cuestión ahora es si las condiciones seguirán mejorando en vista de los contratiempos que están surgiendo.

 

La manifestación de los «instintos animales» es evidente: las cotizaciones bursátiles han escalado a máximos históricos, con el telón de fondo de unos datos mejores de lo previsto en Europa, Estados Unidos y Asia. Mientras tanto, los bancos centrales siguen dando alas al mercado, más preocupados por controlar los riesgos bajistas que los de sobrecalentamiento.

 

Esta confluencia —una actividad económica sostenida en un entorno de tipos de interés his- tóricamente bajos— ha ayudado a las empresas a volver a registrar un crecimiento de los beneficios. Los del S&P 500 probablemente se expandan un 0,7% interanual en el primer trimestre de 2020, según datos de FactSet. No es una cifra impresionante comparada con las tasas de crecimiento del +20% alcanzadas durante gran parte de 2018, pero es mucho mejor que la caída del 1,7% que se predijo a finales de año y, si se materializa, supondría evitar tres trimestres de contracción de los beneficios.

 

¿Qué deparan las perspectivas de mercado para 2020? Los analistas creen que los beneficios se seguirán acelerando, con un incremento del 8,3% este año. Y el Índice de Volatilidad de CBOE —una medida del coste de cubrirse frente a una corriente de ventas potencial—se sitúa en 15,0, bastante por debajo de la media a largo plazo del índice de 19,1. Conjuntamente, esto apunta a que los inversores no solo prevén unos buenos beneficios, sino que además no contemplan la necesidad de protegerse.

 

No obstante, este entorno propicio que ha impulsado la renta variable durante el ciclo alcista más prolongado de la historia se enfrenta a nuevos retos. El más evidente es el coronavirus, que ya se ha cobrado 1.115 vidas a la fecha de redacción de estas líneas. Por una parte, la propagación del virus se está ralentizando, lo que indica una posible conmoción económica a corto plazo seguida de una recuperación en forma de V. Esta fue la evolución del brote del SARS en 2002-04, y respalda la idea de que los inversores ahora deberían posicionarse para una mejora futura de la situación, aunque sin olvidar que la rentabilidad pasada no garantiza los resultados futuros. (Véase el Gráfico).

 

 

 

Por otra parte, hay numerosos factores de incertidumbre. El virus se ha propagado mucho más velozmente que el SARS, y la economía mundial ahora está mucho más interconectada y es más dependiente de China que en 2002-04: el PIB chino entonces representaba un 4% del mundial, frente al 18% actual. Es posible que se desarrolle una vacuna en los próximos meses, pero también que las interrupciones de trabajo masivas impidan reanudar la producción durante más tiempo de lo previsto, lo que genera la posibilidad de una recuperación económica en forma de U o de L.