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Martes, 25 de febrero de 2020

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Publicado en GESTORES Martes, 11 de febrero de 2020 00:00

Los inversores están ahora dispuestos a pagar lo que históricamente han sido unos precios demasiado altos

Paul Quinsee (J. P. Morgan) | La rentabilidad de las empresas parece retomar una senda positiva a escala mundial, ayudada por una reaceleración moderada de la actividad industrial y la fortaleza sostenida del gasto en consumo.

 

Muchos equipos directivos siguen siendo prudentes tras casi dos años de graves fricciones comerciales que, en ocasiones, amenazaban con anular los beneficios de 30 años de globalización. No obstante, como de costumbre, los bancos centrales han prestado un fuerte apoyo en un período de debilidad económica, lo que ha reforzado tanto a las economías como a los mercados financieros.

 

La renta variable en concreto cerró la década con un tono positivo, y es que 2019 trajo consigo una combinación muy conveniente de altas rentabilidades y baja volatilidad en todo el mundo. Los participantes del mercado parecían animados ante la esperanza de una mejor rentabilidad en 2020, tras un año en el que los beneficios apenas crecieron en el mundo desarrollado —debido a los malos resultados en los sectores industriales— y se contrajeron cerca del 8% en el mundo emergente. Unos tipos de interés a largo plazo excepcionalmente bajos también parecen persuadir a los inversores en su apetito por la renta variable. No obstante, los flujos de fondos hacia nuestra clase de activo han sido bastante débiles en comparación con otros valores de renta fija o los mercados privados. A pesar de las sólidas rentabilidades, resulta difícil encontrar ejemplos de exuberancia, aunque los mercados de renta variable sí parecen algo complacientes y muy relajados con las perspectivas económicas, lo que contrasta fuertemente con la situación de hace un año.

Nuestros inversores en renta variable no esperan mucha más rentabilidad a partir de este punto, pero vemos oportunidades aceptables, ya que los beneficios suben y las valoraciones siguen siendo bastante razonables en la mayoría de mercados. Tras otro año espectacular para el estilo «growth», muchos de nosotros miraríamos a los valores que se han quedado relativamente rezagados a fin de encontrar las mejores oportunidades para invertir dinero fresco. Nuestro trabajo cuantitativo sugiere que los inversores están ahora dispuestos a pagar lo que históricamente han sido unos precios demasiado altos por las empresas que más crecen. Si mejoran las tasas de crecimiento de algunas de las empresas más baratas, la brecha de valor relativo se reducirá en 2020. El Gráfico 1 muestra una instantánea de nuestra perspectiva.