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Domingo, 08 de diciembre de 2019

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Publicado en GESTORES Martes, 26 de noviembre de 2019 00:00

El PIB nominal de Estados Unidos, la zona euro y China aumentará

Philipp Vorndran (Flossbach von Storch) | Los rendimientos de los bonos de los países de la zona euro convergen gradualmente, tendiendo cada vez más hacia cero. La política de tipos cero va a cambiar muy poco, entre otras cosas, debido a la coyuntura.

 

 

El Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó hace poco a la baja sus previsiones de crecimiento. Se espera que el crecimiento real de la economía mundial sea del 3% en 2019, el valor más bajo en diez años. No obstante, esto no es un nivel de recesión. Y nos cuesta aceptar una recesión mundial a medio plazo como un escenario realista para nuestra estrategia de inversión.

 

 

 

Queremos detenernos un poco en este punto. A menudo se nos pregunta: «Pero, señor Vorndran, la economía estadounidense se encuentra en expansión desde hace 123 meses: ¿no tiene que llegar la recesión en algún momento?» En algún momento, por supuesto tiene que llegar, está claro. La cuestión es cuándo. Estamos convencidos de que Estados Unidos aún puede ir avanzando durante unos años, aunque sea de manera tan lenta y débil como hasta ahora. Durante la expansión económica estadounidense más larga desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, se han registrado las tasas de crecimiento anual más bajas de todas las fases de bonanza (vea los gráficos siguientes). Si agregamos las tasas de crecimiento de todos los años, en la fase actual suman un 26%, lo que equivale a un 2,3% anual en promedio. Por consiguiente, el auge más reciente no se situaría ni entre los tres primeros de Estados Unidos.

 

 

 

¿Quién dice que la mayor economía del mundo no pueda crecer aún durante cinco años más? Los Estados Unidos presentan actualmente una ventaja: la creación de valor depende solamente en un 20% del comercio internacional de bienes. Por consiguiente, resultan mucho menos afectados por los conflictos comerciales que Alemania, donde el riesgo de recesión está más justificado, ya que la proporción del comercio mundial sobre su producto interior bruto (PIB) representa un 70%. Thomas Mayer y Agnieszka Gehringer del Instituto de Investigación de Flossbach von Storch han desarrollado un nuevo indicador económico para Alemania, el FvS Business Cycle Indicator, que llega a la conclusión nada sorprendente de que este país ya se encuentra en recesión desde abril. Pero solamente porque los alemanes tengan un problema, no debe cometerse el error de suponer que es un problema global. La economía mundial crece de manera moderada, pero constante. Estamos viviendo en términos económicos lo que se llamaría «muddling through», es decir, la habilidad de salir del paso.

 

Los mercados emergentes siguen siendo, por supuesto, muy relevantes para la evolución de la economía en los próximos cinco años. En una conversación reciente con Bert Flossbach, destacamos que todo el mundo hablaba de los indicadores económicos a corto plazo y del crecimiento real. Al final, sin embargo, estaba convencido de que la divisa de pago serían dólares estadounidenses. Por último, las empresas pueden beneficiarse de las subidas de precios. Por lo tanto, se había preguntado cómo se comportarían en grandes líneas las principales economías del mundo en los próximos cinco años. La conclusión era que el producto interior bruto nominal de Estados Unidos, la zona euro y China aumentará. La contribución conjunta al crecimiento de los dos primeros será seguramente inferior a la de China.  

 

Es decir, China sigue siendo el motor de la economía mundial. Todas las cifras nominales de crecimiento son positivas. No creemos que los beneficios empresariales vayan a reducirse drásticamente a medio plazo.  

 

 

Con respecto a los pronósticos económicos, a menudo a corto plazo, los inversores también pueden relajarse. No obstante, la abundancia de información que nos llega es abrumadora. ¿Habrá Brexit? ¿Con acuerdo o sin él? ¿Qué pasará con Trump? ¿Se impondrán nuevos aranceles en la guerra comercial entre China y Estados Unidos?

 

Es indispensable saber reconocer qué noticia es una señal a la que deberíamos prestar atención, y qué es meramente «ruido», o noise, como dicen en inglés. Las noticias irrelevantes llevan a menudo a tomar malas decisiones de inversión, mientras que la información relevante ayuda a entender mejor las interacciones y tomar decisiones a largo plazo.  

 

Los acontecimientos relevantes, en nuestra opinión, deben tener una alta probabilidad de ocurrencia y poder pronosticarse para un periodo de tiempo relevante. En el caso del Brexit, esto resulta complicado. Además, deben poder evaluarse las repercusiones sobre determinadas clases de activos, algo que solamente los profesionales que actúan en su ámbito de competencia pueden realizar de manera fiable.

 

Por ejemplo, con frecuencia nos preguntan a los estrategas de mercados si podemos hacer una valoración rápida de las acciones en cartera de un cliente. En nuestro caso, no consideramos oportuno hacer este tipo de prognosis. La respuesta que ofrecemos es más bien una retahíla de preguntas: «¿Puede valorar usted mismo sus títulos? ¿Ha leído el informe de gestión, sabe cuál es el valor razonable de las acciones y puede decir cuál cree que será el valor razonable en cinco años y por qué?» Según nuestra experiencia, en el 99% de los casos, los inversores privados no tienen una estimación basada en datos fundamentales, porque simplemente no disponen del tiempo ni, a menudo, de los conocimientos para ello.  

 

Nosotros no tenemos ninguna bola de cristal. En Flossbach von Storch no podemos adivinar cuándo llegará la próxima recesión, cómo evolucionará el conflicto comercial con Estados Unidos o quién ganará las elecciones presidenciales estadounidenses en 2020. Ni tampoco cuál será el nivel del índice DAX o del Ibex a finales de año. Pero dada nuestra visión global estratégica de las inversiones, nos atrevemos a afirmar lo siguiente: 

 

Creemos que es muy probable que los bancos centrales hagan todo lo que puedan para evitar una crisis financiera.

 

Suponemos que la fase de bajos tipos va a durar aún mucho tiempo.

Pensamos que los tipos permanecerán así de bajos hasta la próxima reforma monetaria. 

Creemos que la confianza en nuestro dinero está disminuyendo, por lo menos en lo que se refiere a su función de reserva de valor. 

Pronosticamos que la inflación subirá, no hasta el 5% o el 6%, pero con un horizonte largo, por encima del tipo medio a largo plazo durante la presidencia de Mario Draghi, es decir, más del 1,1% anual. 

Creemos que hay que invertir cierta proporción de las carteras en oro. 

Asimismo, estamos convencidos de que, a largo plazo, las acciones rendirán sustancialmente más que la renta fija.

 

Desde principios de año, el índice de renta variable estadounidense S&P 500 (en euros y con dividendos incluidos) ha obtenido unas ganancias de casi el 25%. Alguien que no haya arriesgado nada este año ha perdido dinero en términos reales. Efectivamente, en 2019, todas nuestras clases de activos preferidas han subido. Por consiguiente, la señal más clara para los inversores es que hay que seguir invirtiendo. O, como afirma Warren Buffett: «el riesgo de permanecer al margen es enorme en comparación con el riesgo de no invertir».