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Martes, 28 de enero de 2020

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Pablo Pardo (Washington) | Una de las consecuencias del mundo de liquidez interminable en el que vivimos parece ser el hecho de que cada vez hay menos empresas que cotizan en bolsa. Evidentemente, no es algo que se deba solo a la posibilidad de financiarse sin recurrir a mercados públicos. También hay elementos regulatorios. Y dinámicas del propio mercado. Pero esa santísima trinidad está reduciendo poco a poco la renta variable. Al mismo tiempo, el hecho de que las bolsas sean cada día menos atractivas está haciendo que cambien, empezando por las OPVs, que hasta hace poco eran poco menos que la entrada en la mayoría de edad de las empresas y ahora están empezando a convertirse casi en un capricho. Un capricho para el que los directivos no siempre están preparados, como dejó claro el desastre de WeWork.

Lidia Conde (Fráncfort) | Alemania está más a la izquierda de lo que luego vota. Y la política de Berlín no llega a los ciudadanos pobres. Dos realidades con las que empieza 2020. Las desigualdades económicas y sociales serán uno de los grandes retos de la política. Desde los años ochenta, los votantes económicamente mejor situados consiguen imponer mejor sus criterios e intereses personales, sobre todo en política laboral y social.

Miguel Navascués | En un artículo previo comentaba el libro de Edmund Phelps, “La inaudita prosperidad”, en el que el autor comparaba lo que él considera los mejores años del capitalismo (1850-1970) con las décadas posteriores, mucho menos innovadoras y creadoras de productividad, con sus secuelas en salarios bajos y ampliación de la brecha entre niveles de renta. La productividad es la fuente de la que salen el salario real y el beneficio.