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Martes, 15 de octubre de 2019

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Publicado en GESTORES Viernes, 06 de septiembre de 2019 08:00

Asignaturas para septiembre (2): ¿Se puede ganar con tipos negativos?

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Entre las asignaturas pendientes del nuevo curso, los inversores en fondos se enfrentan a un escenario casi nunca visto: con la bajísima inflación y la famosa curva invertida de tipos (es decir, que los tipos de la deuda a corto plazo estén más altos que los de los bonos a largo), síntoma y a la vez aviso de posible recesión a la vista, los bonos del Tesoro de diversos estados europeos ofrecen rentabilidades negativas. Esto significa el absurdo que el inversor debe pagar un interés al Estado a quien presta dinero.

 

 

Ya hemos comentado en este espacio que esto dificulta extraordinariamente la gestión de los fondos de renta fija. A nadie le gusta pagar por prestar su propio dinero. Y pronto podemos ver el absurdo de que los bancos te cobren un interés (y no sólo las habituales comisiones) por depositar en ellos tus ahorros. Ya se está produciendo el absurdo de hipotecas con tipos negativos: el tercer mayor banco de Dinamarca, el Jyske Bank, acaba de lanzar, en pleno verano, la primera hipoteca del mundo con tipo negativo, un préstamo a diez años por el que el banco PAGA al hipotecado un 0,5% de interés. Otro banco nórdico, Nordea, comercializa una hipoteca gratis (es decir, con interés cero) a veinte años.

 

Y la deuda pública de los “seguros” países europeos (España incluida) ya muestra rendimientos negativos: Alemania en prácticamente todos sus bonos, sean al plazo que sean; Holanda, Francia y Suiza también ofrecen al inversor más cobarde cobrarle entre el 0,4 y el 1,09% por el “privilegio” de que este mismo inversor preste su dinero a estos Estados; hasta el bono español a cinco años está en negativo, mientras el de diez años se acerca peligrosamente a esos niveles.

 

Este afán de pagar para que los Estados europeos te guarden tu dinero durante los próximos cinco o diez años ilustra lo asustados que están los grandes inversores ante la que se avecina. ¿Qué puede hacer el inversor de a pie? Desde luego, elegir con cuidado entre los fondos de renta fija. Sólo los que apuestan por deuda de alto riesgo, sea empresarial o de estados emergentes, ofrecen rendimientos razonables, a cambio, claro está, de un riesgo elevado. Si hay una nueva recesión, los países latinoamericanos, por ejemplo, serán los que la sufran con más intensidad (y eso sin olvidar casos ya clínicos como el de Venezuela o el eterno retorno de las quiebras argentinas).

 

Pese a los altibajos de las bolsas, la rentabilidad sigue estando en la renta variable, aunque gestionada muy activamente, en busca de compañías capaces de navegar bien en el entorno del enfriamiento económico. Pero los fondos de renta variable sólo son adecuados –ahora y siempre– para el inversor capaz de pensar a medio y largo plazo. Y capaz también de conformarse con rendimientos moderados en determinados momentos. Con una inflación que se resiste a alcanzar el dos por ciento a ambos lados del Atlántico, lograr rentabilidades que la superen ya es más que suficiente. Y hay bastantes fondos en el mercado que lo consiguen.

 

Otra posibilidad es la gestión pasiva, pero con plazos aún más dilatados. Invierta en un ETF (fondo cotizado) sobre el Standard & Poor´s 500 y olvídese de él durante una década. Entre las comisiones bajísimas y el paso del tiempo, es muy probable que logre una rentabilidad media anual bastante por encima de la inflación. Pero no ande mirándolo cada dos por tres, a no ser que la economía mundial entre en una acusada recesión, el Brexit descomponga no sólo al Reino Unidos sino también a sus ex socios europeos, los neonazis ganen en Alemania, Salvini vuelva al Gobierno italiano con sus ansiados “plenos poderes”, se desate una nueva guerra global en todo el Oriente Medio con ramificaciones terroristas en sus alrededores (es decir, aquí mismo), arda lo que queda del Amazonas, toda América Latina se declare en suspensión de pagos y China declare finalmente la guerra –no sólo comercial– a los Estados Unidos después de que Trump haya dado un golpe de Estado para convertirse en presidente vitalicio… Pero si todo eso ocurre (o el dinero cobarde piensa que algo parecido puede ocurrir), ya dará todo igual. Ya no habrá asignaturas pendientes que recuperar. Así que búsquese una casa con pozo, placas solares, un huerto, gallinas, un par de cerdos y algunas ovejas en algún pueblo de la España vaciada y olvídese de todo lo demás… salvo de defender a toda costa su economía de subsistencia.