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Publicado en CONSENSO Lunes, 15 de julio de 2019 07:00

¿Cómo unir una Europa tan diversa?

Lidia Conde (Fráncfort) | El eterno dilema europeo ha vuelto a estallar en el reparto de los altos cargos de la Comisión Europea y del BCE. Alemania y Francia se hacen con ambos, pero a costa de una fuerte pérdida de credibilidad del espíritu democrático europeo.

 

 

La nominación de la alemana Ursula von der Leyen (del Partido Popular Europeo, PPE) para presidir la Comisión Europea ha provocado un choque en la gran coalición de Gobierno en Berlín y en los medios de comunicación. Los socialdemócratas han advertido que no apoyarán su elección en la Eurocámara. El ex presidente Sigmar Gabriel pide incluso que su formación abandone el Ejecutivo de Angela Merkel. “El nombramiento de Von der Leyen es un acto de engaño político sin precedentes”. Y Stefan Ulrich, jefe de opinión del diario muniqués Süddeutsche Zeitung, opina que el Parlamento en Estrasburgo, que tiene que ratificar su nombramiento a mediados de julio, debería oponerse a la hasta ahora ministra de Defensa alemana. “Solo así se podría evitar que tras el Brexit se debilite todavía más la UE”. Ulrich opina que la decisión en 2014 de elegir al presidente de la Comisión a partir de los candidatos presentados por las familias de partidos europeas –el denominado sistema de Spitzenkandidaten, que permite a los partidos políticos designar a sus propios aspirantes a la presidencia de la Comisión– fue un momento brillante de la democracia europea. Ahora los jefes de Estado y de Gobierno quieren recuperar su poder sobre la UE y en lugar de aceptar a los Spitzenkandidaten, el conservador Manfred Weber (elegido por PPE como su candidato principal) y el socialdemócrata Frans Timmersmans, se han decantado por Von der Leyen. Una decisión cuestionable porque ni se había presentado como candidata ni se ha tenido en cuenta el voto de los ciudadanos.

 

“¿Qué cabe esperar tras la actitud de Emmanuel Macron (en contra del sistema de los Spitzenkandidaten) y de muchos Gobiernos del centro oriental europeo y de los mismos partidos que bloquearon a Weber y a Timmermans?”, se pregunta Ulrich. Seguir barriendo para casa. Política y económicamente. Prevaleciendo los intereses nacionales. Juegos de poder y dinero.

 

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