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Publicado en Noticias Premium Miércoles, 11 de julio de 2018 08:00

Fragmentación de la Eurozona, un problema endémico

Alexandre Mato (Bruselas) | La UE y la zona euro han dejado atrás la crisis económica, justo en el décimo aniversario de la quiebra de Lehman Brothers y con el cierre exitoso del tercer programa de asistencia financiera, o rescate, de Grecia. Europa, dicen en la capital comunitaria, ya no vive en la recuperación, debe consolidar la expansión.

 

Este optimismo está caracterizado por “algunos sucesos atípicos”, reconocen en la propia Comisión Europea, porque la inflación subyacente sigue siendo “débil”, “el crecimiento de los salarios no refleja la mejoría de los mercados laborales” y persisten “largos superávits por cuenta corriente”. Las divergencias dentro de los países del euro en términos de renta per cápita y de desempleo se mantienen. En Bruselas, sin embargo, no todos analizan con tanta precaución o mesura estos desequilibrios macroeconómicos y con frecuencia importantes voces económicas se elevan para alertar de problemas estructurales perennes pese a la bonanza económica.

 

“Cuando el sol brilla, es tiempo de arreglar el tejado”, exclamó una vez el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. Pero el tejado, la moneda única, acumula importantes grietas desde hace dos décadas, si es que no se sustenta sobre pilares endebles.

 

“Los líderes de Italia están en lo cierto al decir que la eurozona necesita desesperadamente una reforma”. Quien así se expresa no es el outsider Yanis Varoufakis, ex ministro de Finanzas de Grecia, tampoco un economista cercano a Mateo Salvini, el xenófobo ministro de Interior de Italia. La alerta procede del Premio Nobel Joseph Stiglitz, criticando la pertenencia al área monetaria europea como origen de parte de los problemas económicos de Italia al sustraerle de “dos mecanismos de ajuste claves: el control sobre los tipos de interés y los tipos de cambio”. 

 

Sitiglitz denuncia problemas estructurales en esta arquitectura monetaria, con la misma política en este frente pero diferentes mercados laborales y sistemas fiscales donde “se introdujeron estructuras rígidas en las deudas y los déficits, obstáculos futuros para la recuperación económica”.

 

Por si fuera poco, los éxitos de los alumnos aventajados agravan los problemas de sus socios. Alemania acaba de recibir un nuevo toque de atención por sus desequilibrios presupuestarios. Si incurrir en grandes déficits reduce la capacidad para contrarrestar imprevistos económicos hipotecando el margen futuro con endeudamiento a largo plazo, un superávit excesivo lastraría el crecimiento potencial, al no exprimir la capacidad inversora ni las oportunidades económicas de empresas y trabajadores. Al analizar el proyecto presupuestario alemán del 2018, el Eurogrupo acaba de coincidir con la Comisión Europea que “habiendo superado sus objetivos presupuestarios a medio plazo, podría usar su favorable posición presupuestaria para priorizar la inversión e impulsar el crecimiento potencial”.

 

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